apuntes y variedades

Hay un adentro y un afuera. Y dos costaditos,
Adentro está uno mismo, sus convicciones, su biografía, el plato de fideos, sus temores, el país de uno, los nombres, los pruritos, los intentos que no funcionaron. Eso está adentro.
Adentro del teatro estamos los días soleados, los días de luz.
Adentro del país estamos. Adentro de la historia. Adentro del día que comienza indefectiblemente con la misma preocupación, con la misma inquietud.
Pensado así, y si te agarran en un mal día, podríamos decir – como diría Büchner -: todos estamos enterrados vivos. Enterrados en nuestras casas o dentro de nuestros trajes o nuestras camisas. Nos pasamos toda la vida arañando la tapa del ataúd.
Pero, ¿y afuera?
¿Podrían ser reversibles esos caminos? ¿Podremos darnos vuelta el pellejo, de modo que lo de adentro quede afuera y lo de afuera adentro?
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decálogo del buen gaucho argentino
estar libre, o intuir al menos la intemperie,
hablar lo justo y necesario: estar en silencio,
desconfiar siempre de que – en el cambio – uno sea uno,
montar orgulloso un buen pingo,
haber comprendido que si llueve, llueve; y si hay sol, hay sol
no achicarse frente a una guitarra y un reto de payada,
no comprender para qué sirve un alambre con espinas,
practicar la amistad y la franqueza sin elocuencias,
evitar toda estridencia,
odiar la soja,
amar profundamente la tierra, pero no para trabajar,
desconfiar de la autoridad,

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Presentamos el espectáculo en la cárcel. Contamos la historia del reserito Fabio adentro de la cárcel, para los muchachos del Penal. ¿Qué significan allí adentro las palabras del espectáculo, los silencios de la historia?
¿Qué piensa un muchacho de 22 años, encerrado en la blanca cal del presidio de un espectáculo que se llama ¡Afuera!? ¿Qué es el afuera para él?
Salirse de uno mismo, eso es ir a aquel sitio. Miradas expectantes, incredulidad, sabor a mate amargo en la comisura de los labios. Al mirar luego las fotos comprobé en cierto modo el aire cómplice que rodeaba el ambiente. Los guardias contra la puerta, cuidando el paso. Y allí adentro, reunión política, debate de los cuerpos y el cruce las miradas. Un claro haz de luz atravesaba la pared blanca del fondo. Una luz ambarina de nitidez exuberante. Nadie lo dijo, pero se sabía que esa luz trazaba un punto de fuga por donde la pupila podía deambular libremente, sin trabazones de molusco obstáculo. Hubo una faca en algún momento. Hubo un pequeño motín de ideas hoy por la tarde. Éramos pocos, pocos. Consustanciados. Y la historia de Don Segundo Sombra nos vinculaba políticamente, con la palabra afuera en la boca y el impulso de fuga merodeando las interpretaciones.
¿Quién queda adentro y quien afuera en el feroz juego del tome y daca de los días? ¿Quién quedó afuera del penal?
Actores de ciudad contando historias de campo. Actor en libertad representando historias de fuga a los presos. Potencia de las paradojas de calle. Pequeño teatro de choque, invención de lo puramente humano, en esa descarnada burla que es un hombre privando de su libertad a otro hombre.
Si existe el encierro en la jaula de los cuerpos, existe el embate de un impulso primario: contarte una historia.
No va a cambiar las cosas, pero mantiene en pie el palito de la carpa…

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¿Por qué contar la historia de Don Segundo Sombra?
1. La sombra siempre va segunda, como rezagada. Sin embargo, es eso que necesitamos mirar para saber algo de nosotros: lo que dejamos de lado, lo que olvidamos, lo que escondemos, lo que va a nuestro lado, silenciosamente. El campo es la sombra, el afuera: las palabras dicen lo que dicen, y otra cosa y otra.
2. Guiraldes, el autor, el Don Primero Luz, dice que ser gaucho es un estado del alma: eso ha de ser porque no trabajado mucho en sus estancias, haciendo lo que hacen los segundos sombras. Nosotros tampoco hemos trabajado haciendo lo que hacen los segundos sombras, que tal vez sea aquello que no sabemos hacer, y que hacen otros para que nosotros hagamos lo que hagamos. Sin embargo, nos gusta lo de los estados del alma, pero en otro sentido: alma como ánima, como ánimo, como capacidad de hacer, como entusiasmo, vitalidad, potencia de vida. No el alma como identidad, sino como poder hacer.
3. El gaucho como estado del alma es una ficción. Una construcción ficcional e identitaria: literatura. Queremos que desarmar la ficción del gaucho argentino. Deconstruirla tal vez, aunque la deconstrucción no es un procedimiento, sino una mirada. Mirar el gaucho por partes para desarmarlo, y ver qué pasa. Ver -qué- pasa. Tomar alguna de esas partes y situarlas en otros sistemas de sentido. Buscar el contraste. Lo urbano de la ficción del gaucho. Pero antes que nada, queremos situar a la ficción del gaucho en un sistema abierto, lúdico, teatral.
4. Queremos contar esta historia para animarnos a salir y salir. Salirnos de nosotros fundamentalmente. Mudar la piel, como la serpiente. Ser otros. Aprender de nuestras sombras, del campo y la intemperie. Salir, para poder viajar en el lugar. Sabemos, con Barba, que el viaje comienza cuando uno regresa a casa. Queremos salir y volver, luego viajar.
5. Arriamos vacas para ganarnos el puchero, llevamos nuestros animales por caminos sinuosos, aguantamos temporales, vientos padres, soles intempestivos, funcionarios de cultura y algún que otro bobalicón, todo, para ganarnos el puchero. También somos animales, también necesitamos comida. Comer bien es otra manera de ser libres.

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